Tengo mi propio emprendimiento, así que mis días son un caos hermoso: contesto mensajes, coordino pedidos y al mismo tiempo estoy con mi hija. El momento más difícil siempre era cuando necesitaba media hora de concentración de verdad —una llamada, cerrar algo— y la única salida que encontraba era darle el celular, y después quedarme con esa culpa de 'otra vez la pantalla'. Zum Zum me cambió esa parte del día. Se lo dejo, se sienta a abrochar, atar, contar, y se engancha sola un buen rato sin que yo tenga que estar encima. Lo mejor es que no siento que la estoy 'aparcando' frente a algo vacío: sé que cada cosa que hace le suma en motricidad y concentración, porque está pensado por profesionales. Gané minutos de trabajo tranquila y ella gana un juego que le encanta. Para una mamá que labura desde casa, eso no tiene precio. Y encima aguanta: lo tira, lo lleva a todos lados y sigue impecable, no como otros que compramos y a las dos semanas se caían a pedazos.